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  • Sílvia Pérez

VACIO DE AMOR





¿Persigues el reflejo que te devuelve el otro o brillas con luz propia?


¿Estás más pendiente de lo que pasa fuera y de cómo tienen que ser las circunstancias para qué tú estés bien? ¿O estás más pendiente en cómo ubicarte tú con lo que se mueve fuera para estar bien?


¿Sueñas o despiertas?


"El hombre social, siempre fuera de sí, solo sabe vivir en la opinión de los otros y, por así decirlo, solo del juicio de ellos extrae el sentimiento de su propia existencia." (ROUSSEAU)

Reconocernos en el reflejo que nos devuelve la mirada del otro nos puede esclavizar hasta tal punto que dejamos de SER por nosotros mismos para APARENTAR SER a los ojos del resto.

Concedemos al otro el gran poder de evaluar nuestro propio valor, con lo que nuestro criterio fácilmente queda desdibujado para definirse a través del que 'nos mira'.


Por eso es fácil creer y sentir que somos 'nadie' cuando no tenemos una respuesta desde fuera. Sólo en la medida que dejamos de situar el poder fuera y restituimos el poder hacia uno mismo, empezamos a validarnos bajo nuestros ojos. Y así es cuando, al fin, podemos darnos cuenta que no necesitamos de ningún reflejo sinó que brillamos por luz propia.


"Si soy lo que tengo, y si pierdo lo que tengo, entonces ¿quién soy?" ( E.Fromm)

En la misma línea, la cita de Erich Fromm nos remite a la que comúnmente conocemos como "tanto tengo, tanto valgo". Ambas suscitan una buena reflexión acerca de cómo configuramos nuestra identidad.


Cuando mi existencia se confirma en base a lo que tengo (reconocimiento, éxito, pareja, trabajo, dinero, comodidades, posesiones …) me convierto en un objeto más que SOY mientras TENGO pero NO SOY si NO TENGO. Es decir, si pierdo aquello que tengo (que es lo que me define) yo también me pierdo porque sin esas estructuras externas no hay sujeto que se sustenta por sí mismo.


Esta definición se corresponde a lo que en Psicología llamamos AUTOESTIMA MERITATORIA que es aquella en que la persona confirma su valor en base a los méritos: soy guapo/a, tengo un trabajo que me da reputación, el último modelo de coche, …


Cuando nos construimos bajo estos parámetros somos esclavos de querer preservar esas posesiones a cualquier precio con tal de garantizar la continuidad de nuestro 'yo' tal cual lo tenemos construido. Con lo cual seguiremos apegados de forma instrumental a parejas, belleza, poder, … al mismo tiempo que viviremos con terror cualquier tentativa de poderlo perder. Todo ello es terreno abonado para permanecer en este circuito de relaciones líquidas y consumismo atroz que nos convierte en meros exoesqueletos donde nuestro valor depende de cuánto cotice en borsa.


Sin embargo, la AUTOESTIMA ONTOLÓGICA responde a aquella estima y aceptación positiva incondicional que podemos atribuir al sentimiento de amor genuino (no narcisista) que los padres depositan hacia su recién nacido devolviéndole el espejo de: soy importante para alguien, mis necesidades son reconocidas y atendidas, tengo valor por mí mismo, mi entidad es sustancial. Estos ingredientes son los que permiten desarrollar confianza en uno mismo y en los otros, la capacidad de funcionar de forma espontánea y la sensación de tener legitimidad para afirmar la propia existencia. Todo ello favorece la configuración de un AUTOCONCEPTO saludable y positivo en la medida que uno reconoce tanto las propias cualidades como limitaciones y se ACEPTA con todo ello.


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