• Sílvia Pérez

SOMBRAS






¿Quién no tiene sombras?


Yo, al menos, sí.


Hay quienes quieren escapar de ellas y vivir en un mundo interno controlado, sin grandes perturbaciones ni sorpresas.


¿Es una opción? Sí, aunque se queda en algo ilusorio. Disociar de nosotros estas partes no tiene una temporalidad muy larga... Y además hace que enfermemos.


Desde que nacemos convivimos con modelos en los que se castigan los fallos, no se muestran las emociones desagradables y los fracasos se viven de forma vergonzosa.


Así que no es de extrañar que abunden patrones de exigencia desmesurada y aversión al malestar desde los que se busca incesantemente sentirse en control y reconocerse sólo por aquellos aspectos que hemos construido como aceptables.


Esa resistencia hacia aceptar las sombras (propias, del otro y de la vida) y esta dificultad para sostener el 'malestar' que ello comporta, nos decanta hacia el abismo de la neurosis. Como neurosis me refiero a aquellos estados de angustia hoy por hoy muy comunes en las sociedades del primer mundo, donde se desarrollan mecanismos variados con tal de compensar y mitigar cualquier atisbo de inquietud, lo que paradójicamente aumenta el estrés y el sufrimiento ya que las sombras son parte sine qua non de la vida y de nosotros.



¿No será mejor reconciliarnos con ellas?

No es posible despertar la conciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que parezca, para enfrentar su propia alma. Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad (Carl Jung)

Reconocer e integrar las propias limitaciones no implica que nos dominen. Al contrario, nos hace responsables de lidiar con ellas.


¿Puede ser doloroso? Sí. Pero afrontar el malestar nos capacita frente la vida.




Asumir de forma global las diferentes partes que configuran nuestro yo conduce al desarrollo de una sana autoestima para afrontar la vida de forma realista.






La canción de Zoé nos invita a pensar que la mejor forma de lidiar con las sombras es apelar al corazón: cuanto más se cultiva una mirada apreciativa hacia la complejidad humana... cuanto más matices se incorporan a la paleta de colores con los que dibujamos y comprendemos el mundo... Más salud generamos en nosotros.


Así que si te interesa hacer algo con ello, puedes tomarte un espacio para reflexionar e identificar cuáles son tus sombras (según tu propia vivencia, claro) y de ahí hacer un pacto de convivencia pacífica :


"A ver, queridas sombras, entenderéis que no siempre podéis campar a vuestras anchas porque me la podéis liar... Así que me abro un poco el corsé para que podáis respirar mejor pero vosotras dejad que me ocupe cuando tenga que pasar a la acción

¿Trato hecho? "

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