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  • Sílvia Pérez

SE EL ADULTO QUE NECESITA TU NIÑO




En consulta es muy común encontrarse con historias de vida en las que en la infancia han habido ciertas carencias de nutrición emocional.


Si estas carencias no son atendidas y reparadas con nuevas experiencias relacionales o con un acompañamiento psicoterapéutico en una etapa temprana de vida, pueden convertirse en heridas que acaban mediatizando nuestro sentir y nuestra forma de interpretar el mundo. Así que fácilmente lo que sucede es que en nuestra forma de posicionarnos en las relaciones, lejos de cambiar el patrón infantil, lo repetimos una y otra vez.


Cuando todo ello ya ha trascendido a una etapa adulta tenemos que saber que esa figura que probablemente nos quiso pero no supo hacernos llegar el amor como necesitábamos en aquél entonces ya no está a tiempo de llegar a reparar esa herida.


En todos nosotros anida un niño interior que se activa cada vez que le asaltan miedos y sensaciones vividas en la etapa infantil. En ese sentido lo que puede ayudarnos a lidiar con estas sensaciones es saber detectar cuáles son los disparadores que pueden hacer que ese niño salga a escena. Por ejemplo algunas situaciones bastante comunes que pueden poner en amenaza al niño interior son aquellas relacionadas con el miedo al juicio, soledad, desprotección, exigencias externas, críticas....


Tener identificadas estas escenas permite tener previsión de cuándo puede despertarse en nosotros esa parte vulnerable e insegura de nuestro niño y así tener la posibilidad de elegir cómo actuar al respecto, si dejarnos llevar por el niño o gestionar a ese niño con los recursos del adulto.


Así que te propongo que reflexiones sobre qué creencias y qué emociones te acompañan desde bien pequeñito y que dan forma a tu niño interior:


….

'Tengo que ser perfecto para que me quieran'

'No puedo mostrar mis emociones'

'Es malo sentir debilidad'

'Tengo que dar todo de mí para que el otro me valore'

'Soy un fracaso'

'No merezco ser feliz'

'Soy malo'

'No puedo cometer errores'

'No soy suficiente por mí mismo para ser aceptado'

….

Es importante identificar cómo se ha configurado nuestro AUTOCONCEPTO respecto a uno mismo individualmente y respecto a la relación con los otros para que AHORA como ADULTOS nos hagamos RESPONSABLES de qué HACER con ello y poder cambiar la HISTORIA con cómo experimentamos el yo, el otro y las relaciones que establecemos con lo que nos envuelve.


Una vez ya transcurridos muchos años y transitando una etapa adulta, tenemos que saber que esas heridas del pasado no están a tiempo de repararse por las figuras que en aquél entonces no lo supieron hacer. Ni tampoco están en manos de ser reparadas por nuestra pareja, ni por nuestros amigos íntimos, ni por nuestros hijos. Si las proyectamos en ellos difícilmente construiremos relaciones sanas en las que cambiar nuestra forma de vivir el mundo.

Eso no quiere decir que estemos sentenciados a vivirlas siempre y con la misma intensidad pero para que ello no suceda hay un camino que es crucial: ocuparnos nosotros como adultos de ello.


Por tanto, si quieres dejar de que esas sensaciones de vulnerabilidad acaben liderando tus experiencias y quieres dejar de repetir una y otra vez el mismo patrón de interpretar e interaccionar con el mundo, es tu momento.


Cuando saltan las voces de tu niña desprotegida, de tu adolescente rabiosa... es hora de llamar al escenario a tu rol adulto para que actúe de forma más competente a como lo pudieron hacer los referentes de tu infancia.


¿Cómo? Poder construir este adulto requiere un trabajo minucioso de consciencia y de transformación que implica tiempo y que normalmente se recomienda que venga de la mano de un acompañamiento psicoterapéutico. Pero a modo básico os dejo algunos tips orientativos por si os pueden ayudar:


Lo primero que vamos a tener que hacer es saber identificar estas heridas y creencias que acompañan a tu niño interior y a partir de ahí recurrir a tu parte adulta para que regule lo que le sucede de una forma más funcional:

  • Escucha la información que te trae tu herida.

  • Date un tiempo para acompañarte en esa sensación.

  • Explora qué es lo que ese rol herido o molesto necesita de tí como adulto

  • Intenta ofrecerle una mirada más matizada de lo que pasa.

  • Una vez la emoción ya esté más serena reflexiona si lo sucedido es suficientemente significativo para tomar cartas en el asunto.

  • Si ese es el caso, investiga qué es concretamente lo que necesitas comunicar.

  • Busca una forma constructiva y eficaz de transmitir el mensaje para que el receptor pueda adoptar una posición fuera de la defensividad que permita la comprensión mutua (aunque eso dependerá de cada parte).



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