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  • Sílvia Pérez

FUERZA VITAL


¿Qué dirán si me enfado? ¿Realmente puedo molestarme por esto si es una tontería? No vale la pena decirle nada, no lo ha hecho con mala intención...


¿Y si al ponerle un límite el otro se enoja y se distancia? Mejor pasarlo por alto, van a pensar que soy una neurótica.

¿¡Pero entonces, ¿Dónde queda tu FUERZA para defenderte?!



LA INTENCION AGRESIVA COMO FUERZA VITAL


"En la salud, el individuo puede ir atesorando la maldad en el interior con el fin de utilizarla en un ataque contra las fuerzas externas que parecen amenazar lo que él percibe que vale la pena preservar. Así pues, la agresión tiene un valor social. (Winnicott)

Winnicott diferencia entre intención agresiva y enojo. Al enojo lo considera como una agresión que es reactiva al contexto, es decir, que se origina como respuesta adversa al ambiente. En cambio, la intención agresiva la concibe como una fuerza vital en sí misma, necesaria para asegurar la propia existencia.


Así pues, podemos considerar la pulsión agresiva como una fuerza vinculada a la vitalidad. Este potencial ya está al nacer pero sólo se desarrollará en adelante si el entorno lo sabe apreciar como un elemento sano en el niño/a y ayuda al niño/a a que lo exprese adecuadamente. Por tanto, aunque el potencial de la intención agresiva se considera innato, en realidad se acabará configurando (o no) más tardíamente. A nivel evolutivo, para que esto suceda, es necesario que el individuo haya alcanzado la capacidad de reconocer al enemigo como otro sujeto diferenciado y, además, haya construido un yo suficientemente integrado como para hacerse responsable de esa fuerza de forma constructiva. Si estas premisas se cumplen, entonces sí que se dará el contexto propicio para que eta fuerza vital se desarrolle e integre en el individuo de forma sana.


¿QUÉ PASA CUANDO ESTA FUERZA VITAL SE REPRIME?


¿Cuántas veces hemos escuchado aquello que sentencia...?:


"Con estos berrinches nadie te va a querer" o "Las niñas buenas no se enfadan" .


A veces no hacen falta ni siquiera palabras sino que se observa como el adulto se muestra rechazante (y/o hace una retirada de su amor) ante la actitud de molestia del niño/a por algo que ha sucedido. Aquí podría abrirse un nuevo tema de debate en el que sólo voy a pasar de puntillas y es el peso del género en relación a la reivindicación de esta fuerza vital. Si bien se tiende a reprimir la pulsión agresiva en el niño en general, ello sucede especialmente con el género femenino donde se premia la abnegación para ponerse al servicio del otro y se desprecia casi toda actitud que pueda representar la reivindicación de las propias necesidades si eso supone un conflicto de intereses con las del otro.



Volviendo a términos generales, podemos observar que a nivel social el concepto de intención agresiva a veces se malinterpreta y se juzga como nocivo. ¿Por qué sucede? Porque suele otorgarse un significado destructivo y además se confunde lo que es la pulsión/intención con lo que es la conducta. Que se valide la pulsión agresiva como fuerza vital no implica que ello tenga que derivar en manifestarla a través de conductas perjudiciales contra uno mismo o contra el objeto de amenaza.


De hecho, ¿qué complicaciones pueden haber si no se legitima esta fuerza vital?


Cuando el ambiente ejerce una intensa represión en la pulsión agresiva del niño, ello provoca defensivamente una agresividad reactiva que inhibe su capacidad de expresarse y de explorar el mundo" (Winnicott)


¿Qué consecuencias pueden derivarse?


Cuando el entorno del niño/a reprime esta fuerza vital o sencillamente no la legitima, esto comporta que la vaya disociando de sí mismo. Todo ello influye en que el niño adopte así una vivencia de sumisión que con el tiempo desencadenará una serie de consecuencias:

  • O bien dificultades para defenderse

  • O bien en una agresividad destructiva y antisocial.


CONCLUSIONES: LA PRESENCIA DE ESTA FUERZA VITAL EN EL INDIVIDUO ES TOTALMENTE SANA Y NECESARIA


Como podemos observar, mucho se habla acerca del descontrol de la rabia, de los problemas en la gestión de los impulsos o de la desregulación de la agresividad. Y está bien plantearnos la importancia de tratar y equilibrar esta fuerza cuando a nivel de conducta está desproporcionada. Pero también es necesario contemplar cuándo hay un defecto de conexión con esta fuerza y de las implicaciones que tiene en la salud.


Es por esto que he querido dedicar un post a este tema y a tomar consciencia de lo peligroso que es la ausencia de esta fuerza vital en el desarrollo evolutivo de la persona. Me encuentro muchas veces en consulta casos donde su represión predispone a desarrollar patologías relacionadas con una falta de autoestima ya que existe una dificultad de sentir rabia a pesar del daño recibido y eso es terrible porque lleva a una posición de desvalimiento frente a la lucha por la propia existencia.


Así que integrar esa pulsión agresiva se convierte no sólo en algo sano sinó necesario para salvaguardar la propia supervivencia y desarrollar un funcionamiento ajustado frente a los excesos y abusos que puedan aparecer en el contexto en el que se interacciona.


Recomendaciones de otros canales expresivos en relación a este post:


Canción: 'Adiós' (Enric Montefusco)

Película: La Chaqueta Metálica (S. Kubrick)


*si os interesa la película podéis encontrar su explicación psicológica en otro post de mi blog: https://www.psicologiaenbarcelona.org/post/cine-y-psicologia-chaqueta-metalica


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