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  • Sílvia Pérez

Relación tóxica



Este fin de semana ha llegado a mis manos una lámina inspirada en una de las reflexiones que hizo de Frida Kahlo respecto a las relaciones:

"Yo te duro lo que me cuides. Yo te creo lo que me demuestres"

Con estas palabras la pintora apela a la necesidad de permanecer en las relaciones siempre y cuando uno se sienta mayormente cuidado por el otro, así como la importancia de no creer a ciegas las palabras que el otro nos dice si éstas no se acompañan con actos que las constatan.

Así que tomo este escenario como punto de partida en la entrada de hoy para hablar de las relaciones tóxicas.

¿Qué ingredientes pueden predisponer a desarrollar una dinámica tóxica en la relación?

La idealización y la veneración sin límites hacia la pareja son aspectos que llevan a que esté sesgada la apreciación que tenemos del otro y que sea poco objetiva la valoración que hacemos de las cosas que suceden en la relación. Este escenario puede llevarnos a asumir una posición desequilibrada dentro de la relación y normalizar, si se dan, posibles patrones tóxicos.

Para que ello no suceda es importante preguntarnos y conocer cuáles son las condiciones elementales en las que queremos que nuestra relación de amor se sustente: qué queremos, cómo lo queremos, qué límites no son tolerables para nosotros, etc. Tomar consciencia de ello y actuar en consecuencia nos va a ayudar a establecer las coordenadas básicas para desarrollar una dinámica saludable, o en el caso que se haya empezado a articular una dinámica tóxica saber detectarlo y poner medidas.

Parece algo muy elemental pero me encuentro muchos casos en los que las relaciones se inician y se construyen sobre la marcha, sin muchos planteamientos, sólo marcadas por los sentimientos del momento. En este escenario quedamos sentenciados a dejarnos llevar por el baile de nuestras pulsiones más inmediatas e irracionales, quedando a expensas de ser afortunados si las circunstancias colaboran a construir una relación constructiva o de ser unos desgraciados si el 'azar' nos dibuja un escenario de dinámicas más destructivas.

El hecho de no asumir el poder de poner claridad y adueñarnos de lo que queremos es algo que nos pone en riesgo. Este contexto es caldo de cultivo para poder permanecer en una relación tóxica y normalizar el trato que recibimos o, en el mejor de los casos, podemos darnos cuenta que hay algo que parece que no está funcionando del todo bien en la relación pero no atender como merece el impacto y la gravedad que todo ello entraña.

Con ello no quiero que se me malinterprete: no se trata de renunciar a las pasiones ni dejarse fluir con ellas. Se trata de integrar esa parte con cierta dosis de consciencia y reflexión que nos permita conocer dónde estamos y de qué manera. Esto nos permitirá ir construyendo una relación con bases sólidas y sanas a partir de la cual seguir trazando el rumbo hacia el que queremos dirigirnos sin perder nuestro norte.

Ahora bien, siempre se está a tiempo de poner atención en las señales que nos alertan de estar inmersos en una relación tóxica y poner remedio. Así que a continuación voy a especificar algunos indicadores que nos ponen sobre aviso.

Relación tóxica - Patrones que nos ponen en alerta:

  • No hay libertad para mostrarse tal cual se es. Uno se siente coartado a la hora de exponer su punto de vista por temor a la reacción del otro que fácilmente puede molestarse cuando el criterio no es afín al suyo.

  • Aparecen complejos que antes no habían en cuanto a la propia imagen, la forma de comportarse y el modo de vida.

  • Se dan conductas de posesión y control. Se vigilan las redes y cada movimiento que se hace intentando controlar con quién se va, de qué se habla. Se hacen preguntas incesantes que, aunque no se den motivos, denotan que hay una desconfianza permanente de lo que el otro hace o dice.

  • Se da un progresivo aislamiento del propio círculo y de las fuentes de sustento personal. Incluso se evita quedar con personas del sexo opuesto o personas con las que la pareja no tiene simpatía para evitar que ésta se enoje.

  • Se establecen conductas de desprecio y críticas constantes. La forma de dirigirse al otro es con malas palabras, silencios castigadores y gestos hirientes.

  • Se desmerecen las virtudes y los éxitos que se consiguen en lugar de celebrarlos.

  • No se consulta ni se tiene en cuenta la opinión del otro al tomar decisiones que conciernen a los dos.

  • Se usa el chantaje emocional haciendo sentir mal y culpable al otro cuando no actúa como uno desea.

Estos son algunos de los indicadores pero es conveniente aclarar que debemos ser cuidadosos a la hora de caer en juicios rápidos puesto que todos podemos habernos visto de forma puntual en alguna de las siguientes situaciones y ello no es indicador suficiente para valorarlo como algo tóxico. Este tipo de situaciones se pueden revertir mediante una buena comunicación y la voluntad de cada miembro por reconducir la relación a algo saludable.

Así pues, lo que nos lleva a definir que nos encontramos ante una relación tóxica es el número y la continuidad de las situaciones que acabo de mencionar. Si se dan la mayoría de estos escenarios de forma repetida y habitual es conveniente poner atención y recursos para interrumpir este circuito. Ante este panorama hay que saber detectar estos indicadores a tiempo porque en un inicio suelen empezar de forma sutil y, en la medida que se normalizan, los agravios van ganando terreno haciendo de la relación algo cada más más destructivo de lo que se hace más difícil salir puesto que la propia solidez queda gravemente lesionada. Si se ha llegado a este punto es conveniente poner distancia en la relación o buscar ayuda profesional para desactivar este circuito.


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