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  • Sílvia Pérez

LA VIDA ES COMO ES






Si pretendemos que la vida se ajuste a nuestras expectativas tenemos el fracaso asegurado. Cuánta infelicidad nos ahorraríamos si dejásemos de poner tantas condiciones a la vida. Por eso me gustaría compartir con vosotros un extracto de la obra de Virginia Satir que reflexiona sobre cómo el crecimiento emocional va de la mano de hacernos y sabernos capaces de lidiar con cualquier circunstancia que se dibuje en nuestra vida.

"La vida no es de la manera en que se supone que debe ser. Es de la manera en que es. La manera en la que salimos adelante es lo que hace la diferencia."

Muchos de nosotros tenemos creencias y supuestos de lo que debería ser la vida, de cómo nos gustaría que el otro nos tratara, de cómo funcionaría mejor la sociedad si aplicara otro modo de vida, de qué bien iría el mundo si....


Pretendemos que el mundo se ajuste a nuestros esquemas mentales porque eso nos hace sentir en control y nos reporta seguridad.

Habitualmente estos parámetros mentales que combaten la realidad tal cual se presenta suelen estar configurados por modelos rígidos que buscan la incondicionalidad y proyectan idealizaciones propias del mundo infantil la cual cosa no nos permite afrontar el mundo adulto con autonomía y madurez.


Esta resistencia a aceptar la vida tal como es nos lleva a la queja, a la amargura, a la impotencia y frustración porque la realidad siempre acaba imponiéndose, quieras o no quieras y pienses lo que pienses. 


El pretender que la realidad se acomode al propio deseo está teñida de cierta ingenuidad y egocentrismo que se asemeja mucho al de un niño que sólo piensa en términos de 'lo que yo quiero' y 'lo que yo no quiero', sin incluir el resto de elementos que matizan el mundo.


Y madurar implica salir del egocentrismo, romper con los mitos y cuestionar las certezas que nos han acompañado hasta la fecha.

Se trata de un proceso similar al que sucede cuando en la infancia descubrimos que los Reyes no existen. El mito se cae. Y empieza un proceso donde elaborar la pérdida de ese mundo mágico. Y me parece una gran escenificación de esas primeras frustraciones que nos van adentrando al mundo adulto y que son indispensables para crecer.


Mi perspectiva en este sentido es que cada vez nos cuesta más crecer. Y cuando hablo de crecer me refiero a tolerar mejor la decepción propia de la vida, de nosotros como seres terrenales y de las relaciones (no incondicionales) que establecemos con lo que nos rodea.

Desde este punto de vista Virginia Satir nos invita a dejar las expectativas a un lado para poder lidiar con lo real de la vida, desde lo que es y no desde lo que debería ser, colocando el foco en qué ajustes hace cada uno para avanzar y seguir creciendo con ella.



El margen de maniobra está en la responsabilidad que cada uno está dispuesto a asumir para generar los cambios que considere necesarios.

En este sentido, en lugar de batallar con cómo se nos presenta la vida, quizás sea más eficaz destinar la energía en plantear qué recursos uno puede movilizar para influir en las propias expectativas:


  • Qué recursos puedo poner en marcha para no frustrarme cada vez que las cosas no son como me gustaría

  • Qué puedo hacer yo para contribuir con mi ejemplo y mi actitud a que las cosas sean diferente

  • Qué ajustes tengo que activar para acercarme cada vez más a la persona que me gustaría llegar a ser

  • Cómo deseo que sea mi relación con los otros y por dónde puedo empezar


Para acabar os dejo con CINCO LIBERTADES que Satir propone y que puede ser un buen ejercicio para poner en práctica la aceptación hacia uno, hacia el otro y hacia la vida:




1. La libertad de ver y oír lo que hay

(en lugar de esperar lo que debería ser, lo que era, o lo que será).

2. La libertad de decir lo que siento y pienso

(en lugar de decir lo que pienso que debería decir).

3. La libertad de sentir lo que siento

(en lugar de sentir lo que creo que debería sentir).

4. La libertad de pedir lo que quiero

(en lugar de esperar el consentimiento ajeno).

5. La libertad de correr mis propios riesgos

(en lugar de conformarme con la seguridad).


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