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  • Sílvia Pérez

Reincorporación tras las vacaciones



Todo viaje te permite aprender cosas nuevas sobre las relaciones, sobre uno mismo, y sobre la vida. Y si además tienes la suerte de viajar a un nuevo continente, los descubrimientos se multiplican, al menos en mi caso.

Por eso hoy voy a compartir con vosotros algunas de las reflexiones que me acompañaron en mis días en Senegal y Gambia, el último destino que he recorrido.

Uno de los primeros aprendizajes es que las expectativas que uno se forma antes de llegar a destino no siempre coinciden con lo que uno se encuentra. Sin pretensión de hacer comparativa en positivo o negativo, para mi el gran descubrimiento es dejarse llevar por el efecto sorpresa.


En algún momento me sentí contrariada, pero finalmente experimenté que es apasionante navegar por los nuevos derroteros en los que te ves inmersa.

Aprender a frustrarse es saludable, y más cuando al despegarte de tus anhelos consigues gozar de lo que te reporta minuto a minuto el viaje.


Personalmente me esperaba encontrar con un pueblo ‘salvaje’, movilizándose desde lo más visceral, y expresándose de forma desinhibida, y regulándose sin filtro de ninguna clase.

En algunas ocasiones sí que lo observé, y en general fueron en interacciones que surgieron espontáneas. En otras muchas me encontré con encuentros más comerciales que no intercambios genuinos. Mea culpa, sin duda. Pues no olvidemos mi condición de turista, por muchas ganas que tenga de empaparme de su cultura como uno más. No lo soy, y resulta ingenuo e incluso pretencioso pretender serlo.


La diferencia se hace patente ya solo por el color de la piel, luego la vestimenta y otros extras fruto de la sociedad de donde provengo: cremas, gafas de sol, gorras, ... Y si a eso le unimos que es sabido de antemano que mi contacto con ellos va a ser de unos minutos, con suerte de algunas horas o días escasos, el margen para el contacto auténtico se limita y los intereses pasan a ser 'mercantiles', ¿qué me ofreces tú a cambio de venir a conocer mi cultura?

En cualquier caso agradezco que nos abrieran las puertas de sus poblados, casas y familias. Me cautivó ver su sentido de comunidad.


Allí la mayoría de la población son musulmanes, y cada hombre puede llegar a casarse hasta con un máximo de 4 mujeres. Todas ellas viven juntas, en un mismo terreno cercado que es el que delimita ‘su familia’, compuesta de cada una de las esposas con sus respectivos hijos, del marido, quien cada día rota la casa y esposa con la que duerme, y en casos especiales el padre o madre del marido.

A simple vista te extraña la normalidad con la que viven esta situación, pero enseguida te sumerges o te sumergen en sus parámetros, en sus miradas hacia el mundo. De nuevo un aprendizaje que se hace más patente, y es que el ser humano tiene un gran poder de modelaje, y que todos nos construimos en base a las reglas sociales y morales que prevalecen en nuestro entorno.


La libertad en su sentido más amplio queda reducida a expensas del legado sociocultural y familiar de nuestros congéneres. Nuestra mirada al mundo, nuestras creencias, nuestras normas, son forjadas por un ente colectivo. Y eso, a mi entender, en definitiva nos libera pues saca a la luz que mucho de nuestro sentir, pensar, hacer responde a construcciones y no a elecciones, con lo cual pueden cuestionarse y tal y como las hemos interiorizado desde el aprendizaje, desde el mimetizaje, también las podemos desaprender.


No somos esclavos de nuestros ‘parámetros’, éstos no son estáticos sino que tienen un poder dinámico, con lo que nos da un margen de acción constante para reconstruirnos.

Estos 'descubrimientos' son sabidos sin necesidad de viaje pero son sentidos e integrados con mayor fuerza al experimentarlos de forma tan cercana.


En adelante me gustará centrarme específicamente en lo que he aprendido de ellos y de su cultura, como lo relativo a la pobreza, la emocionalidad, la crudeza, la forma de plantearse su día a día y la hipercomodidad a la que nos vemos arrastrados en nuestra 'civilización' que nos envuelve

de neuroticismo innecesario.

Por ahora lo dejo aquí y me reincorporo con energías renovadas al trabajo.

Espero que todos hayáis tenido unas vacaciones deliciosas, sean cuales fueran vuestros planes, pues cualquier descanso que nos permita connectar con nosotros y no con las exigencias ambientales ya es 'reparador'.

¡Hasta la próxima!


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